Bueno hace tiempo que no escribía, no sé porqué, será por eso que le dicen pereza mental, o en este caso pereza de dedos, las cosas están sumamente curiosas en el Perú, aún Lima no tiene alcalde, un peruano ganó el Noble (ta webon! Nunca pensé ver algo así) y al impresentable Presidente que tienen la mayoría de peruanos (me excluyo porque yo voté viciado, osea tranqui con mi conciencia) se le ocurrió agarrar a cachetadas a un ciudadano, voluntario en el Rebagliati. Pues en medio de tanto barullo, empecé a extrañar aquellas épocas cuando era un adolescente (de los que adolece), pues en esa época, mi padre, siempre preocupado por mi educación, me inscribía mensualmente en las típicas clases de inglés en el ICPNA (el camino al éxito según doble9), pues era la excusa perfecta para aprender como socializar, sobre todo con el sexo opuesto (donde yo prácticamente estaba oxidado). Recuerdo que después de clases íbamos rumbo al mítico BAN BAN, una especie de antro del video juego, de las antiguas máquinas de pinball donde por una moneda podías volverte el más popular o podías seguir siendo un don nadie, y era mejor si eras mujer, “maso bonita” y jugabas Tekken. Había una tipa así, era mayor que yo (yo tenía 14 años o 15 máximo y ella debía rozar los 18), ella jugaba Tekken y no se “achicaba” ante los macho latinoamericanos precoces que querían demostrar su valía jugando contra ella para hablarle, gilearla, meterle floro y de paso salir de pitos. La flaka tenía algo que hacía que cuando ella jugaba todos miraban, así perdiera igual todos felices con ella, y no faltaban las típicas amigas del inglés que rajaban de su poca feminidad o que porque se vestía como skater, no importaba, ella estaba como las webas (como dice pepito). Todo esto pasaba en un entorno que a veces extraño, era alucinante ver como se generaba una pequeña sociedad, con jerarquías y todo simplemente dependiendo de cómo te vestías y cuán bien jugabas Tekken, y en esa mini sociedad yo no era más que un cagao porque solo me salía un super combo con Bruce, y le ganaba solo a rivales de mediana habilidad, lo cual no hablaba muy bien de mi porque me reventaban (bueno no tanto, en realidad, era digno adversario) cuando jugaba contra los “chéveres”, en realidad ellos eran como el San Martín o la U y yo era algo así como el Alianza atlético, siempre da batalla pero pierde, y así iba perdiendo parte de las 5 lukas que me daban diario (el pasaje escolar por ese entonces era China desde Miraflores a mi jato y si me subían a 60 la gente le gritaba al cobrador: NO SEAS ABUSIVO CON EL CHIBOLOOO!!!!!). Pensándolo bien, aquellas épocas, de caminatas por Miraflores, de las combis asesinas (las chiquitas), de pantalones Dunkelvolk y tabas Airwalk (las mías eran alucinantes, tan alucinantes que siempre me compraba el mismo modelo hasta que se agotó el stock en el Perú), de escuchar a Offspring y Green Day, de mi walkman Sony, de mi mochila Billabong, de mi primera borrachera en la Calle de las Pizzas (4 chelas fueron suficiente), de tener quince años y no imaginarme para nada lo que vendría después, que cague de risa.
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